BLAS DE LEZO

BLAS DE LEZO

Soy un viejo marino, más viejo que marino, que ya una vez os conté una historia, la de un hombre que quería despertarse cuando ya no tuviera más sueño. Yo he conseguido hacer mío el sueño de aquel hombre, pero sólo pude lograrlo después de jubilarme. Y ahora le comprendo mejor.

El mar, la mar, está lleno de misterios que aún no hemos descifrado. Conocemos más de nuestro sistema solar, del universo en general, que del mar con lo cerca que lo tenemos.

Casi todo el mundo habrá oído hablar de grandes navegantes como Magallanes, Elcano, Vasco de Gama, James Cook, Drake y muchos, muchos más que nos dejaron testimonio de sus viajes y aventuras.

Pero yo quiero rememorar hoy la vida de un marino militar español, gran estratega, que merece toda mi admiración y que es apenas conocido: Blas de Lezo.

Nació en Guipúzcoa en el año 1689 y falleció a los 52 años en Cartagena de Indias. Vivió en una época difícil para España, cuando el negocio de esclavos, de especias de las Indias, de piratas y corsarios y, sobre todo, del dominio por los restos de las rutas marítimas eran la motivación de las guerras de aquellos tiempos. España en decadencia, Francia quiero pero no puedo e Inglaterra “mordiendo” todo lo que podía.

Blas de Lezo fue marino y militar desde sus 17 años hasta su muerte 35 años después. Y perdió en combates navales la pierna izquierda, el ojo izquierdo y la movilidad del brazo derecho.

Hay varias biografías: algunas apasionadas; otras, poco creíbles; y fuera y dentro de España, una leyenda negra para manchar su recuerdo. Incluso la emisión de unas monedas conmemorativas de la victoria inglesa en Cartagena de Indias, realizada antes del ataque inglés (el hecho fue la derrota humillante de la armada inglesa). Unos ilustres investigadores españoles señalan en su estudio que las monedas no las emitió el gobierno inglés sino una compañía inglesa. Cuesta de creer que el gobierno de su majestad permitiera la emisión de monedas sin su control.

Sea como fuere, yo admiro a Blas de Lezo porque también fui marino y puedo comprender mejor las penalidades que sufrió en compañía de sus hombres. La historia es como es y muchas veces se distorsiona según la “religión” de quien la cuenta.